OTRO DÍA EN EL PLANETA TIERRA ABR 13,26

DiarioDevorando el dolor de otro

Hoy traigo una duda, o quizás no, tampoco me atrevo a llamarlo reflexión, es un intento de descubrir qué estoy pensando, mi primera aproximación fue una pregunta, pero aún sigue siendo una idea difusa,¿Y si empiezo con la pregunta?

¿Qué pasa cuando alguien intenta devorar el dolor de otro y el dolor lo devora a él?

Porque eso es lo que veo. No sé si lo veo bien, no sé si tengo derecho a verlo así, pero lo veo. Hay alguien cerca que tomó el sufrimiento de otra persona y lo hizo suyo. No por descuido, sino por amor, o por lo que el amor hace cuando no encuentra límites: se derrama, se mete en los huecos del otro, trata de rellenar lo que falta. Es un gesto hermoso y es un gesto que destruye. Las dos cosas al mismo tiempo, sin contradicción.

Lo que me cuesta nombrar es esto: el dolor que carga no le pertenece. Y sin embargo lo está consumiendo igual. Como si el dolor no supiera distinguir entre el cuerpo que lo originó y el cuerpo que decidió cargarlo.


Hacia atrás, si lo miro como historia, entiendo el mecanismo. Veo los personajes, el momento exacto en que alguien decidió —sin decidirlo del todo— hacerse responsable de algo que no era suyo. La trama tiene una lógica. Puedo rastrearla. Pero hacia adelante no veo bien. Hacia adelante solo veo a alguien perdiéndose en una tristeza que no tiene su forma, que no le calza, que no va a enseñarle lo que cree que le va a enseñar. Y no sé qué hacer con eso.


Ahí está la impotencia. No en que no quiera ayudar, sino en que no sé si lo que puedo ofrecer sirve para esto. ¿Cómo acompañás a alguien que está sufriendo por estar acompañando a alguien que sufre? ¿Cuántas capas tiene que atravesar el cuidado antes de llegar a algo real?


Me quedo en silencio cuando debería decir algo. O digo algo cuando debería quedarme en silencio. No aprendo a distinguir cuándo. Y mientras tanto, alguien sigue cargando.


Perdón, querido diario. Pronto recordaré cómo escribir en este formato. Mientras tanto seguiré mirando hacia el lado equivocado, sin saber si lo que veo me duele por esa persona o por mí. Quizás las dos cosas. Quizás eso también es una forma de devorar el dolor ajeno sin darme cuenta.